Todos nos hemos preguntado alguna vez ¿qué es la felicidad? ¿Dónde y cómo la podemos encontrar? ¿Somos felices? Para la Real Academia Española, la felicidad es el "estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien". Para otros pensadores, la felicidad es una actitud mental que el hombre puede asumir conscientemente, es decir, es una decisión. Podríamos pensar que si realmente fuéramos felices, nuestro mundo sería completamente diferente. Nuestra civilización, nuestra cultura, serían total y radicalmente distintas.
Muchas veces somos seres humanos infelices, triviales, carentes de valores, peleadores, vanos, nos rodeamos de cosas inútiles, nos satisfacemos con ambiciones mezquinas, con el dinero y la posición social. Somos seres desdichados, aunque podamos poseer conocimientos, dinero, grandes casas, muchos hijos, automóviles, experiencia. Somos seres humanos tristes, sufrientes, y debido a que sufrimos, deseamos la felicidad; y así nos dejamos arrastrar por aquellos que nos prometen esa felicidad, social, económica o espiritual.
El problema está dentro de nosotros; nosotros mismos lo hemos incubado, alimentado y engrosado, llegando a poseernos de tal manera que, incluso, creemos, vivimos y pensamos que somos infelices: ese estado de inquietud, ansiedad, de pensamientos negativos, de estar aquí pensando en ayer o en mañana, de estar sobredimensionando más aún nuestros deberes al darle vuelta y vuelta en nuestras mentes a todo lo que tenemos que hacer, de obsesionarnos con algo y no poder soltarlo, de estar deseando estar donde no estamos, tener lo que no tenemos, ser lo que no somos. Esto es lo que nos conduce a no ser capaces de vivir una vida plena.
Las personas siempre perseguimos la felicidad como una meta o un fin, como un estado de bienestar ideal y permanente al que llegar. La felicidad incluye alegría, pero también otras emociones, algunas de las cuales no son necesariamente positivas. Es la motivación, la actividad dirigida a algo, el deseo de ello, su búsqueda, y no el logro o la satisfacción de los deseos, lo que produce en las personas sentimientos positivos más profundos. Debemos comprender que no es la felicidad nuestro principal problema, sino el inconformismo y la incapacidad de aceptar que en algún momento de nuestra vida sufriremos. Debido a esto, pensamos que somos felices cuando no estamos sufriendo.
El primer paso es hacernos cargo de que los problemas están dentro de nosotros, que no es culpa de los otros, de las circunstancias en sí, del trabajo, del jefe, de las responsabilidades que tenemos, sino que del modo en que las enfocamos y vivimos. Obviamente hay circunstancias que deben ser cambiadas, pero es importante hacerlo desde un estado de claridad que nos permita distinguir cuando estamos sobrecargando las situaciones con nuestro propio rollo mental. La gran transformación sería cambiar la actitud, cambiar el enfoque. Esto puede aplicarse a cualquier circunstancia, incluso el sufrimiento tiene un sentido, puede despertarnos, llevarnos a tomar conciencia, conectarnos con nuestra fragilidad, hacernos más humildes y unirnos a los demás.









